Aunque se despertó sobresaltado durante cinco segundos, continuó así como en trance. Tras esos cinco segundos saltó de la cama y fue corriendo, sin pensar en nada, hacía donde iban desesperados sus compañeros.
Las alarmas de todos los teléfonos móviles sonaba al unísono y se mezclaron creando una sintonía perfecta que solo escuchó uno que no encontró salida pasados unos cuatro minutos y treinta segundos. Dicha melodía podía afectar sentimentalmente a todos los líderes, presidentes, dictadores y demás, de tal modo que jamás volverían a entrar en ninguna guerra. Lamentablemente, ese chico murió en cuanto salió al exterior, atravesando una bala su cerebelo y borrando por completo la melodía.
Él seguía corriendo entre el gentío hacia el vehiculo de escape. En un momento de esos borrosos y veloces, vio como dos de sus compañeros chocaban el uno con el otro y se besaban y apartaban en un solo segundo. Solo lo vio él y solo rió él entre todo el caos al ver eso y no poder quitarse esa imagen de su mente hasta pasados veinte segundos.
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